Contenido: Laila Horwitz // Edición y técnica: Adrian Gleizer @adri.mixer
“La ecuación donde nuestro valor como personas está condicionado a nuestro rendimiento es una de las formas más sutiles y peligrosas de violencia hacia nosotras mismas, una violencia con la que jamás trataríamos a las personas que acompañamos.”
En este comparto cómo el perfeccionismo y la autoexigencia, especialmente los impulsores “sé perfecto” y “date prisa”, se convierten en trampas que generan agotamiento y desconexión del placer en quienes acompañamos procesos ajenos. Exploro cómo tratarnos con la ternura que ofrecemos a nuestrxs consultantes, dialogar con la voz crítica interna que aparece al darnos permisos, y apoyarnos en espacios que nos permitan sostenernos mientras sostenemos a otres.
Reconocimiento de mandatos que generan rigidez, culpa y la creencia dolorosa de que solo valemos si rendimos sin fallas.
Herramientas para darte permisos concretos y dialogar con la voz interna que ataca, viéndola como una protectora en lugar de enemiga.
Una invitación a practicar la autocompasión que ofrecés a tus consultantes, con espacios como “El Cuerpo Acompañando” para entrenar esta ternura desde el cuerpo.